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¿Más mestizo, menos afro?

En la década del 70’, miles de afroecuatorianos, atraídos por las nuevas posibilidades de empleo que ofrecía el “boom petrolero”, dejaron el sol de sus tierras para insertarse en Quito.  Así nacieron pequeños enclaves   afro en las periferias de una capital con fuertes aires de “blancura”.  Dos de ellos son “La Bota” y “San Juan de Calderón”, donde conviven dos generaciones. Allí enfrentan las mismas dificultades sociales pero miran su pasado de formas distintas. Se debaten entre la integración y la reafirmación de sus raíces.

 

Las cálidas ventiscas de “La Bota”

Al nororiente de la ciudad se sitúa “La Bota”. Su clima cálido y días soleados se confunden entre los vientos helados de la región andina.  En este barrio se han asentado familias que provienen  del Valle del Chota y  de otras zonas aledañas como: Juncal, Piquicho, Caldera y Chalguayacu.

Don Luis Carabalí,  vive allí  desde 1973 y es propietario de la famosa pescadería “La Bota”. Es considerado la voz viva de la historia del barrio.

“En  San Juan de Calderón se echa de menos al Chota”

A unos pocos kilómetros cerca de “La Bota”  se encuentra “San Juan de Calderón”, un barrio mucho más nuevo, sin ser nuevo sinónimo de “en buen estado”. Sus calles ni siquiera han conocido el asfalto.  Los habitantes han aprendido a convivir con la arena que traen las fuertes corrientes de aire.

Gran parte de sus pobladores han migrado desde el Valle del Chota y otras zonas vecinas. Vienen de aquel lugar que fuera hace varios siglos el destino de cientos de cimarrones que llegaban desde el África. Según comenta, Gabriela López, integrante del colectivo artístico “Guandul”, que trabaja con grupos afrodescendientes, los chotences “siempre recuerdan con nostalgia su tierra”.

¿Más mestizo, menos afro?

Ambos barrios están hermanados por la herencia.  Sus orígenes en el Valle del Chota, los pocos accesos para mejorar sus condiciones de vida,  la marginación, el racismo y la alegría de vivir los convierte en dos sitios con historias y realidades parecidas.

Los pobladores de “La Bota” -de creación más antigua- vivieron  fuertes hostilidades  en una época en la que el racismo cobraba impulso.  Fueron marginados y obligados simbólicamente a “amestizarse”, a dejar sus trajes y disfrazarse para lograr sobrevivir.  Las costumbres, las tradiciones e incluso la música parecen pertenecer a tiempos prehistóricos.  Ahora se baila reggaetón y se sueña con ser futbolista.

En un sentido opuesto están los afrodescendientes que viven en  San Juan de Calderón y Carapungo quienes están luchando por reafirmar su cultura.  Se han creado desde discotecas en las que se pinchan discos con canciones de bombas y bambucos, hasta centros culturales.

“Guandul danza” es un colectivo artístico conformado por: Diana Ormaza, Alexandra Morocho, Daniela Peña y Gabriela López, cuatro apasionadas por la “cultura de la marimba”.  Ellas a través de la expresión del cuerpo han logrado consolidar las danzas afroecuatorianas entre sus naturales bailarines.

¿Por qué sí y por qué no?

La pregunta que surge es: ¿por qué San Juan de Calderón y Carapungo han optado por apostarle al rescate de su cultura y “La Bota” no?  Algunas respuestas se pueden ensayar.  Como decir que “La Bota”, al ser uno de los primeros barrios periurbanos, vivió la hostilidad de un época, la intolerancia hacia el afrodescendiente y la poca atención de los gobiernos de turno.  Mientras que “San  Juan de Calderón”, de orígenes recientes, nace en un contexto más tolerante y más democrático a aquel dictatorial de la década del 70’.   Los cambios han existido, así lo considera José Chalá Cruz, secretario ejecutivo de la Corporación de Desarrollo Afroecuatoriano.


Hasta el 2007, ningún afroecuatoriano había llegado a ocupar altos cargos en el gobierno, pero en ese año se creó el Ministerio de Cultura y con él se nombró al poeta esmeraldeño Antonio Preciado como principal de esta cartera de Estado.  Desde lo institucional se ha creado la Secretaría de Pueblos, Movimientos Sociales y Participación Ciudadana, cuya responsable es también una afrodescendiente: Alexandra Ocles.

Aun cuando se han realizado algunos avances no son suficientes y más allá de lo legislativo o institucional, está lo cultural, las verdaderas estructuras que se niegan a transformar y abrirse.

Valeria Puga, Ecuador, Multimedios 106 – Radio Urbana

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