20 años sin el muro Perspectivas de una ciudad en movimiento

Berlín dividido, música libre y clandestina

E-mail Imprimir PDF

En los ultimos diez años de vida del muro de Berlin (1979 – 1989),  las expresiones musicales generadas en los dos lados, vivieron una mezcla  entre la euforia, el riesgo, el anonimato y la aventura. Por un lado, en Berlín occidental los jóvenes estaban ansiosos por hacer algo nuevo, algo romántico, algo arriesgado; que además fuera capaz de representar el sentir colectivo e individual de una ciudad que quería ser parte de una movida musical mundial como la de Londres o Nueva York.


De esta manera, se escuchó pop, rock, new wave, electrónica y  experimentación sonora, manifestada en artistas  y bandas que todavía son referencia artística e histórica.  Mientras en los setenta y ochenta, en Berlín occidental, artistas como David Bowie, Iggy Pop o Nick Cave vivieron sus “Berlin Years”, viviendo y grabando en la ciudad, Berlín oriental no tuvo conciertos masivos o visitas destacadas del oeste. Esta situación de diferencia generaba tensiones y ansias en ambos lados. Los berlineses occidentales casi no sabían que pasaba en el lado del este en materia musical. Y en Berlín oriental, se deseaba ver y tener lo que en occidente se escuchaba.

La visita de un artista occidental o no aprobado por el gobierno era imposible o se llevaba a cabo en la clandestinidad. La situación daba para enfrentar una condena o la represión. Ùnicamente quedaba el sueño, o el deseo de estar en otro lado, esperando a ver en vivo los artistas que se escuchaban en las radios de occidente; porque eran muy pocos los discos que se podían comprar discos en Berlin oriental. Debido a la ausencia de prensajes discográficos en la RDA, los interesados en la música tenían que ingeniárselas para poder obtener el material prohibido o censurado.

Según Robert Lippok (musico de To Rococo Rot y quien viviera su juventud en Berlín oriental), la gente tenía que estar atenta para poder tener un disco. Si alguien viajaba a Polonia o Hungria, era mas fácil acceder a este material, porque las condiciones eran mas benévolas  y algunos discos estaban disponibles.

Él mismo le pidió a un amigo polaco que estudiaba en su escuela, que le consiguiera música de la agrupación DAF (Deutsche Amerikanische Freundschaft) y The B-52’s.
Si alguien conseguía un disco o una cinta, la duplicaba para sus amigos de modo tal que lo que se conseguía pasaba de mano en mano. Igualmente, la gente grababa en casetes las canciones de la emisora del sector norteamericano y las emisiones del show de John Peel en la BBC de Londres. Hay un grato recuerdo de aquellos programas donde se dejaban espacios entre canción y canción, porque se sabia que en Berlin oriental se estaba grabando. Este flujo de información era peligroso y arriesgado no solo para los discos o casetes, sino tambien para la prensa, libros, television o películas de occidente. La vigilancia era extrema. La situación se complicaba al tener en cuenta la extensa red de informantes, espías y delatores que dentro de la sociedad alemana oriental tenía montado el gobierno. Pero aun así, el desafío valía la pena. La gente movía la ubicación de la antena de radio o televisión, para acceder a la información proveniente de occidente que le era negada.

Los jóvenes de las dos Berlines, querían diferenciarse; usaban peinados cortos, ropa raída o imágenes desafiantes. Podían ser punks, góticos o apreciar el heavy metal. Pero había una vital diferencia en los dos sectores.

En el oeste, esto se podía hacer libremente y sin reproche alguno. Nadie imponía multas o amenazaba a alguien por hacer esto. Alexander Hacke, integrante de la banda Einsturzende Neubauten, recuerda situaciones de aquella época. En especial, el ánimo de las bandas por tocar y promocionar su obra. También recuerda la existencia de bandas que se formaban por el gusto de tocar sin buscar reconocimiento; a menudo por personas sin conocimientos musicales previos. Eran días de alegría, de júbilo y hasta de cierto reconocimiento por la prensa internacional.

De Berlín occidental, emergían propuestas sonoras arriesgadas. Einsturzende Neubauten usaba restos industriales en su obra musical a manera de percusión. Existía también el grupo Die Todliche Doris, que llevaba a cabo presentaciones donde combinaba música y teatro, en pequeños espacios involucrándose con su público. La banda femenina Malaria grababa y se presentaba en los principales escenarios europeos, en un momento donde pocas mujeres estaban dedicadas a la música. El australiano Nick Cave había grabado ya varios discos.  Hasta hubo documentación visual de estas bandas en obras como Berlin Now (1985) y So war das S.O.36 (1986). Así, los resultados artísticos de este Berlín,  se diferenciaron de las escenas musicales de Nueva York, Los Angeles o Londres de aquella década.

Berlín occidental también tenia una barrera generada por el muro, pero a diferencia de los habitantes del este, si podían salir de la ciudad, aún si fuera con controles. Ir a Berlín oriental implicaba el solicitar visas con semanas de anticipación.  Incluso, viajar a Hamburgo podía durar 4 ó 5 horas, debido a los controles prolongados del otro lado de la frontera. En la actualidad este viaje se lleva a cabo en 90 minutos.  Las calles y lugares de esta ciudad se unieron a las inquietas bandas que sabían que estaban en un lugar con una condición especial: Se vivía en una isla occidental ubicada en la Alemania socialista.

Lugares como el Risiko o el 360 ofrecieron conciertos con bandas locales o las que visitaban este lugar del mundo . Fueron también los centros de reunión de músicos, literatos, artistas, cineastas y visitantes de la ciudad.  Existió además un estudio de grabación, llamado Hansa Ton. Ubicado cerca de Potsdamer Platz, fue un hervidero musical desde los setenta hasta los tempranos noventa. Inclusive artistas como Depeche Mode o Killing Joke grabaron allí, atraidos por el ambiente berlinés.

Por su parte, el panorama para los músicos en Berlín oriental era completamente distinto, pero igualmente apasionado. Muchos jóvenes tuvieron que camuflar sus maneras de vestir y actuar, para no ser perseguidos por la Stasi (Policia Secreta de Alemania del Este). Solían ser vigilados y debían presentarse ante las autoridades una o dos veces por semana para ser controlados y así, no contravenir el sistema.  Ser joven en este Berlín oriental y hacer música fuera de la tradicional o clásica , significaba sobrevivir sin saber hacia donde se iba a estar en el futuro. La censura hacia de las suyas ejerciendo control sobre eventos, letras y contenidos artísticos. Henryk Gericke (coautor del libro Punk en Alemania del Este) recuerda cómo las bandas de aquella época, debían presentarse ante una comisión especial  que vigilaba aspectos como la lírica de las canciones o la imagen de los artistas. Pero esto tampoco fue para nada un impedimento que acallara la inquietud musical de los habitantes del este.

Gericke, ademas recuerda cómo se llevaron a cabo conciertos clandestinos. La información de estos eventos pasaba de boca a boca o a través de escasos volantes de promoción, que se repartían con mucha precaución. Fueron estas, pequeñas jornadas artísticas en espacios abandonados o apartamentos aislados de la ciudad. Se camuflaba así la música. Unas pocas grabaciones de  bandas de Berlín oriental fueron prensadas en Berlín occidental. Esto generó vigilancias e interrogatorios para sus músicos. Cuando Alemania de Este empezó hacia 1985, a incentivar a algunas de estas bandas a que grabaran  y prensaran en el sello Amiga, pensó así que tendría la total supervisión de esta especie de camada disidente.

Muchos vieron este gesto como una manera de oficializar el punk y la resistencia; hecho que fue ampliamente criticado por los jóvenes. En esta década, estos brotes se fueron diluyendo o acabando, porque las opciones eran dos. O se entraba a formar parte de la fuerza de trabajo del sistema o se intentaba salir de la ciudad para no sucumbir y buscar así la libertad que se ansiaba tener.  Aparte de la clandestinidad, la música y el arte de Berlín oriental,  solo se daba a conocer por medio de extranjeros que podían circular entre los dos sectores, sin mayores controles. Mark Reeder, promotor y empresario británico, fue conocido como uno de los principales enlaces entre las dos ciudades.

Frente a los 45 kilómetros  de muro que por 28 años dividieron a la ciudad, siempre hubo creación musical capaz de sobrevivir las imposiciones políticas, sociales y económicas. La cortina de hierro no logró acallar bandas, canciones, discos, programas de radio, y conciertos que tanto en el este como en el oeste, luchaban por dejar una obra sonora original y comprometida con su tiempo. La historia sería distinta si no hubiera música y aún más distinta si la división no hubiera existido.

Discografia recomenda:

- Die Toedliche Doris: “ ” (1982)
- Einstuerzende Neubauten: Kollaps (1981)
- Die Haut: Burnin`the ice (1984)
- Nick Cave and The Bas Seeds: Your funeral my, trial (1986)
- Mona Mur: Mona Mur (1988)- Malaria: Compiled 1981 – 1984
- Feeling B: Hea Hoa Hoa Hoa Hea Hoa Hea (1989)
- Pankow : Keine Stars (1986)

Cheap preparations can, buy advair without prescription, Discounts and Bonuses. Online pharmacy, buy generic allegra, low prices. Antibiotics as well as, generic allopurinol, treatment Effectiveness.